Reaccioné impulsivamente al ver a aquel hombre, quizá mejor dicho por instinto.
Lo perdí de vista por unos segundos, entonces, empecé a correr hasta el último lugar donde le había visto. Di dos vueltas sobre mí misma buscando en cada dirección y encontré su silueta al final de una calle. Sin pensarlo dos veces seguí sus pasos guardando una distancia considerable.
Sentí un leve golpe en el hombro que hizo que mi cuerpo pegara un salto, me giré y vi a Ezequiel.
- Joder, que susto.
- Susto tú, si pensabas hacer un 'sinpa' podrías haberme avisado, además, ya te había dicho que pagaba yo.Miré de nuevo la calle, suspiré al ver que no le había perdido y seguí su rumbo.
- No es eso, sígueme.Aligeró su paso para poder ir a mi lado. Sentí que no paraba de mirarme en busca de una razón. Cualquier persona se hubiera molestado ante aquella serie de acciones, en cambio, presentía que a él de alguna manera le parecía divertido.
Nunca antes había seguido a nadie por ningún lugar, y hacerlo ahora sin razón aparente, o tal vez una lógica, me hacía pensar que estaba volviéndome loca.
Sus pasos me habían conducido hasta el hospital de la ciudad, se detuvo unos segundos para mirar su reloj y entró.
- ¿Hemos estado siguiendo todo el rato a ese hombre?Le miré con cara de preocupación, cogí aire, pero al final no le dije nada. En todo este tiempo no se había dado cuenta de ello. Por mi cara supuso que así era.
- ¿Quién es?
- No lo sé.
- ¿Y por qué...?No le dio tiempo a terminar la pregunta, me había decidido a entrar también en aquel hospital.
Eché un vistazo rápido a toda la planta y lo localicé, para mi sorpresa había cambiado de vestimenta, ahora llevaba una bata blanca. ¿Había estado siguiendo todo este tiempo a un médico? ¿Era sólo un médico?
No podía parar de relacionarlo con mi sueño, verlo así fue un choque duro para mi mente, cada vez me parecía todo más irreal y el sueño más auténtico.
- Mujer escurridiza, lo vas a perder.Ezequiel señaló a los ascensores y inmediatamente le baje la mano. Corrí hacia ellos, pero la puerta ya se había cerrado con aquel hombre dentro. Pulse varias veces el botón pero no funcionó.
- ¿Y ahora qué?
- Iba solo en el ascensor, con suerte no parará hasta su planta y podremos saber donde se ha bajado.
- ¿Hasta dónde piensas llegar?Le miré sonriendo momentáneamente sin responderle, eso hizo que no hiciera más preguntas.
El ascensor se paró en la quinta planta, así que utilicé las escaleras para llegar a ella, creía que así iría más rápido.
Era una planta de ingresos. Por los pasillos rondaban enfermeras a paso ligero que al cruzar con nosotros nos miraban extrañadas. El médico cruzó el último pasillo, agarré del brazo a Ezequiel y fui a esa dirección.
Cogió el pomo de una de las puertas de las habitaciones y antes de entrar miró hacia nosotros, fijamente, por unas milésimas de segundo vi como sonreía de forma siniestra. Entró en la habitación y cerró la puerta.
- ¿No pensarás entrar, no?
- No, esperemos.- Señalé unas sillas al final del pasillo .Nos sentamos uno frente al otro. Notaba como me miraba fijamente con inquietud, yo evitaba su mirada. Estar sentada allí sin hacer nada y sin decir nada hacia que pensara una y otra vez el irme lejos. La falta de razones hacia que todo pareciera que había sido en vano.
- ¿Me vas a contar lo que ocurre o estaremos en silencio hasta que salga?
- ¿Cómo puedo explicarte algo que no entiendo?
- Algo habrá que puedas explicarme.- Se rió.- Vamos, has venido hasta aquí por algo, o eso creo, aún no estás tan loca.Le miré forzando una sonrisa y aparté la mirada hacia una ventana que daba al parque. Quizá sí estaba tan loca.
- ¿Quién es ese hombre?
- Pues, ese hombre es... No lo sé, le conozco de algo, o eso creo.
- Le habrás visto antes.
- No.
- ¿Entonces?Vacilé un poco antes de responderle, ¿podía empeorar la situación más de lo que estaba si fuera sincera por unos segundos?
- He soñado con él.
- ¿Qué has soñado?No fue la respuesta que esperaba, no estaba mal, esperaba una burla dañina o un sermón sobre su perdida de tiempo conmigo. Me sentí aliviada y dejó de importarme como transcurriría la situación. Le conté lo que había soñado, lo que ocurría, lo que sentía.
Parecía que por primera vez sentía miedo a perder a alguien, me sentía tan vulnerable ante él.
Mantuvimos una conversación extensa sobre nosotros y todo el tiempo que había pasado. Fue un lapso prolongado que parecieron segundos.
- ¿No crees que está tardando mucho?
- Eso parece.Se levantó de la silla y hizo un gesto con la cabeza en dirección a la habitación.
- Vamos.Me levanté y fuimos directos allí, suspiré y toqué la puerta.
- ¡Adelante!- fue la voz de una mujer que se encontraba dentro.Nos miramos extrañados y abrí la puerta. La mujer era una asistenta que estaba fregando la habitación. En la cama había una chica que parecía dormir, pero por la cantidad de aparatos que se encontraban a su alrededor no dormía tan sólo.
- ¡Vaya, por fin te vienen a ver, chica!- Parecía estar en un estado de euforia constante.- ¡Aunque también que oportunos, vienen a pisarme lo fregao'!La mujer seguía limpiando con fuerza y entusiasmo. La situación se me hizo cada vez más incomoda, mientras que a Ezequiel le veía una extraña sonrisa en la cara de aguantarse la risa.
- Perdone señora, ¿sabe dónde ha ido su médico?
- ¿Su médico? ¡Qué va! No ha pasado aún, ¡esos sinvergüenzas! Aunque bueno, ésta no se va a escapar ¡la pobre!, no le va de unas horas más, o días...
- Pero si le he visto entrar en la habitación.
- Aquí no ha entrado nadie.- Se rió con ímpetu.- ¡He sido su única visita hoy! Muy temprano es aún. ¿Y vosotros qué? ¿Sois amiguitos de la chica?
- Sí.- respondió Ezequiel.- Del instituto.
- ¡Qué bien! Seguro que lo agradece, porque no le han venido a ver ni sus padres, ¡qué gente!- Pasó de un estado de coraje a optimismo en segundos.- ¡Bueno parejita, me voy a trabajar, os dejo solitos!- nos guiñó un ojo y se fue.Nos quedamos mirando descolocados por lo que había pasado, no sabía como sentirme, él se lo tomó con humor.
- ¿Dónde se ha metido el hombre?
- Pues yo no descartaría que en la mujer de la limpieza.- Rió insinuando que se lo había comido por su estado físico de entrada en carnes.Le golpeé en el brazo y me acerqué a ver a la chica. Era un poco mayor que yo, de tez pálida y delgada. Tenía una cicatriz de un corte en su mejilla y el labio roto. Su pelo era de color rojo fuego.
- Eh, parece una versión pelirroja de ti. En guapa y con más...Le fulminé con la mirada haciendo que se callara. Volví a mirarla y sentí una sensación desagradable, no era capaz de describirla. Aparté la mirada de aquella chica hacia una pared que la cubría un espejo.
- Vayámonos de aquí.