miércoles, marzo 04, 2015

3

Por un momento pensaba que aún no me había despertado, que seguía soñando. Pensar en ello en cierto modo tenía lógica, ya que después de tanto tiempo, había hecho algo diferente, salir del nido.
Reaccioné impulsivamente al ver a aquel hombre, quizá mejor dicho por instinto.
Lo perdí de vista por unos segundos, entonces, empecé a correr hasta el último lugar donde le había visto. Di dos vueltas sobre mí misma buscando en cada dirección y encontré su silueta al final de una calle. Sin pensarlo dos veces seguí sus pasos guardando una distancia considerable.
Sentí un leve golpe en el hombro que hizo que mi cuerpo pegara un salto, me giré y vi a Ezequiel.
- Joder, que susto.
- Susto tú, si pensabas hacer un 'sinpa' podrías haberme avisado, además, ya te había dicho que pagaba yo. 
Miré de nuevo la calle, suspiré al ver que no le había perdido y seguí su rumbo.
- No es eso, sígueme.
Aligeró su paso para poder ir a mi lado. Sentí que no paraba de mirarme en busca de una razón. Cualquier persona se hubiera molestado ante aquella serie de acciones, en cambio, presentía que a él de alguna manera le parecía divertido.
Nunca antes había seguido a nadie por ningún lugar, y hacerlo ahora sin razón aparente, o tal vez una lógica, me hacía pensar que estaba volviéndome loca.
Sus pasos me habían conducido hasta el hospital de la ciudad, se detuvo unos segundos para mirar su reloj y entró.
- ¿Hemos estado siguiendo todo el rato a ese hombre?
Le miré con cara de preocupación, cogí aire, pero al final no le dije nada. En todo este tiempo no se había dado cuenta de ello. Por mi cara supuso que así era.
- ¿Quién es?
- No lo sé.
- ¿Y por qué...?
No le dio tiempo a terminar la pregunta, me había decidido a entrar también en aquel hospital.
Eché un vistazo rápido a toda la planta y lo localicé, para mi sorpresa había cambiado de vestimenta, ahora llevaba una bata blanca. ¿Había estado siguiendo todo este tiempo a un médico? ¿Era sólo un médico?
No podía parar de relacionarlo con mi sueño, verlo así fue un choque duro para mi mente, cada vez me parecía todo más irreal y el sueño más auténtico.
- Mujer escurridiza, lo vas a perder. 
Ezequiel señaló a los ascensores y inmediatamente le baje la mano. Corrí hacia ellos, pero la puerta ya se había cerrado con aquel hombre dentro. Pulse varias veces el botón pero no funcionó.
- ¿Y ahora qué?
- Iba solo en el ascensor, con suerte no parará hasta su planta y podremos saber donde se ha bajado.
- ¿Hasta dónde piensas llegar?
Le miré sonriendo momentáneamente sin responderle, eso hizo que no hiciera más preguntas.
El ascensor se paró en la quinta planta, así que utilicé las escaleras para llegar a ella, creía que así iría más rápido.
Era una planta de ingresos. Por los pasillos rondaban enfermeras a paso ligero que al cruzar con nosotros nos miraban extrañadas. El médico cruzó el último pasillo, agarré del brazo a Ezequiel y fui a esa dirección.
Cogió el pomo de una de las puertas de las habitaciones y antes de entrar miró hacia nosotros, fijamente, por unas milésimas de segundo vi como sonreía de forma siniestra. Entró en la habitación y cerró la puerta.
- ¿No pensarás entrar, no? 
- No, esperemos.- Señalé unas sillas al final del pasillo .
Nos sentamos uno frente al otro. Notaba como me miraba fijamente con inquietud, yo evitaba su mirada. Estar sentada allí sin hacer nada y sin decir nada hacia que pensara una y otra vez el irme lejos. La falta de razones hacia que todo pareciera que había sido en vano.
- ¿Me vas a contar lo que ocurre o estaremos en silencio hasta que salga?
- ¿Cómo puedo explicarte algo que no entiendo?
- Algo habrá que puedas explicarme.- Se rió.- Vamos, has venido hasta aquí por algo, o eso creo, aún no estás tan loca.
Le miré forzando una sonrisa y aparté la mirada hacia una ventana que daba al parque. Quizá sí estaba tan loca.
- ¿Quién es ese hombre? 
- Pues, ese hombre es... No lo sé, le conozco de algo, o eso creo.
- Le habrás visto antes.
- No.
- ¿Entonces?
Vacilé un poco antes de responderle, ¿podía empeorar la situación más de lo que estaba si fuera sincera por unos segundos?
- He soñado con él.
- ¿Qué has soñado?
No fue la respuesta que esperaba, no estaba mal, esperaba una burla dañina o un sermón sobre su perdida de tiempo conmigo. Me sentí aliviada y dejó de importarme como transcurriría la situación. Le conté lo que había soñado, lo que ocurría, lo que sentía.
Parecía que por primera vez sentía miedo a perder a alguien, me sentía tan vulnerable ante él.
Mantuvimos una conversación extensa sobre nosotros y todo el tiempo que había pasado. Fue un lapso prolongado que parecieron segundos.
- ¿No crees que está tardando mucho?
- Eso parece.
Se levantó de la silla y hizo un gesto con la cabeza en dirección a la habitación.
- Vamos.
Me levanté y fuimos directos allí, suspiré y toqué la puerta.
- ¡Adelante!- fue la voz de una mujer que se encontraba dentro.
Nos miramos extrañados y abrí la puerta. La mujer era una asistenta que estaba fregando la habitación. En la cama había una chica que parecía dormir, pero por la cantidad de aparatos que se encontraban a su alrededor no dormía tan sólo.
- ¡Vaya, por fin te vienen a ver, chica!- Parecía estar en un estado de euforia constante.- ¡Aunque también que oportunos, vienen a pisarme lo fregao'!
La mujer seguía limpiando con fuerza y entusiasmo. La situación se me hizo cada vez más incomoda, mientras que a Ezequiel le veía una extraña sonrisa en la cara de aguantarse la risa.
- Perdone señora, ¿sabe dónde ha ido su médico?
- ¿Su médico? ¡Qué va! No ha pasado aún, ¡esos sinvergüenzas! Aunque bueno, ésta no se va a escapar ¡la pobre!, no le va de unas horas más, o días...
- Pero si le he visto entrar en la habitación.
- Aquí no ha entrado nadie.- Se rió con ímpetu.- ¡He sido su única visita hoy! Muy temprano es aún. ¿Y vosotros qué? ¿Sois amiguitos de la chica?
- Sí.- respondió Ezequiel.- Del instituto.
- ¡Qué bien! Seguro que lo agradece, porque no le han venido a ver ni sus padres, ¡qué gente!- Pasó de un estado de coraje a optimismo en segundos.- ¡Bueno parejita, me voy a trabajar, os dejo solitos!- nos guiñó un ojo y se fue.
Nos quedamos mirando descolocados por lo que había pasado, no sabía como sentirme, él se lo tomó con humor.
- ¿Dónde se ha metido el hombre?
- Pues yo no descartaría que en la mujer de la limpieza.- Rió insinuando que se lo había comido por su estado físico de entrada en carnes.
Le golpeé en el brazo y me acerqué a ver a la chica. Era un poco mayor que yo, de tez pálida y delgada. Tenía una cicatriz de un corte en su mejilla y el labio roto. Su pelo era de color rojo fuego.
- Eh, parece una versión pelirroja de ti. En guapa y con más...
Le fulminé con la mirada haciendo que se callara. Volví a mirarla y sentí una sensación desagradable, no era capaz de describirla. Aparté la mirada de aquella chica hacia una pared que la cubría un espejo.
- Vayámonos de aquí.

jueves, febrero 19, 2015

2

Disponía de tres cuartos de hora para vestirme y ir hacia la plaza, o también de un minuto para enviar un mensaje y cancelarlo. Pero por alguna razón que en ese entonces no entendía, sabía que debía ir.
Me puse lo primero que vi encima y salí de casa sin ordenar ni desayunar nada.
A paso ligero llegué diez minutos tarde a aquella plaza, estaba llena de gente, pero él no había llegado aún.
Me senté en un banco con cara de estar enfadada con el mundo y gruñí mirando el reloj. 
Sentí como alguien se sentaba en el mismo banco que yo.
- Llegas tarde, Ariel.- Era la voz sarcástica de un hombre.
Me giré hacia el sentido de aquella voz, me costó reconocerlo, era Ezequiel. Había cambiado tanto, ¿cómo puede ser?
Me sentí avergonzada de mi aspecto en ese momento. Me pasé instantáneamente los puños por los ojos para retirar las posibles legañas y los dedos por el pelo para intentar peinarme.
- ¿Intentas seducirme a caso?- Dijo al darse cuenta de que procuraba estar presentable.
No sabía que responder, me sentía irritada. La barriga me rugió, parecía que había respondido de mi parte. Él se rió.
- No te ilusiones, no he tenido tiempo para nada, ni siquiera he desayunado.- En realidad no era una excusa.
- Te invito a desayunar, que estás en los huesos, enana.- Puso su mano en mi cabeza y empezó a despeinarme cual chucho. 
Se levantó del banco y esperó a que yo también lo hiciera. No me gustaba que me invitaran, me hacía sentir dependiente, pero en este caso ignoré mi orgullo.
Seguí sus pasos hasta la cafetería más cercana de aquel lugar y me senté en las mesas de fuera mientras él pedía el desayuno.

Estaba comenzando a arrepentirme de haber venido. Pensaba en lo tranquila que estaría durmiendo en casa si no hubiera descubierto el mensaje.
Su presencia me incomodaba de alguna manera, me sentía bloqueada y vulnerable.
- Te recordaba más habladora.- Dijo mientras ponía los platos en la mesa.- ¿Ya no me quieres contar tus batallitas?
- No soy la única que ha cambiado, me parece.- Puse toda mi atención en él, observando cada detalle para asimilar que era la misma persona de siempre.
 - Han pasado casi tres años.- Se rió.- ¿Qué esperabas?
¿Tres años? ¿Habían pasado tres años?
Sentí que me mareaba, mi mente no era capaz de colocar ese tiempo en el espacio. Mis pensamientos se bloquearon y no fui capaz de pensar nada más.
- Sí... Que rápido pasa el tiempo.- Forcé una sonrisa. 
- ¿Qué has estado haciendo? Me tenías preocupado.
Empecé a zampar casi con desespero creyendo que así evitaría tener que responder. Era una pregunta comprometida por el simple hecho de que no podía encontrarle una respuesta, o al menos una que no me hiciera sentir incómoda.
Levanté la mirada y me di cuenta de que me estaba observando, sentía que aquella imagen que había creado de mí comiendo como un animal le estaba divirtiendo.
Me sonrojé y limpié mi boca para poder hablar.
- Oh... Pues... No he hecho nada importante. ¿Tú?
- Nada fuera de lo común, hasta hoy.
- ¿El qué?
- Verte a ti, que eres algo muy raro. 
Sonreí por el chiste, si es que se le podía considerar uno.
Mi cara cambió de golpe al ver a alguien. Sentí que me estaba quedando pálida, si era posible estarlo más. Mi corazón empezó a latir con fuerza, casi podía escucharlo. El entorno se volvió más silencioso y el tiempo pasaba más lentamente.
- Eh, no te pongas así, que no lo decía tan en serio.- No le contesté.- ¿Ariel?
Había visto un hombre trajeado de negro con un maletín, era altísimo. Hubiera jurado que no le había visto nunca antes, pero no paraba de producirme una sensación de déjà vu.
De alguna forma empecé a relacionar a aquel hombre con el de mi sueño, y cada vez que lo hacía, el sueño cobraba vida con mayor lucidez.
- Tengo que ir.- Creí que sólo lo había pensado.
- ¿A dónde?
Me levanté de la mesa y localicé a aquel hombre de nuevo.
- ¿Ariel? ¿Dónde? 

lunes, noviembre 17, 2014

1

Desde que era pequeña me había considerado una persona muy curiosa. Siempre tenía en mente preguntas sin respuesta.
La vida me parecía una misteriosa adivinanza, y mi mente constantemente me hacía intentar imaginarle una solución. Una respuesta siempre tan lejana a la realidad, o quizá a la realidad que nos hacían ver.
Las dudas iban creciendo, y de mientras, yo también lo hacía.
Aún sin haber encontrado la solución al misterio, buscaba respuesta a alguna de mis dudas. ¿Hacía algo más que saciar mi curiosidad?

El sonido de un mensaje nuevo hizo que despertara de un pequeño trance.
Pasaba mucho tiempo delante de una pantalla. Semanas... o quizá meses, había perdido la noción del tiempo. ¿Lo estaba malgastando aquí sentada?
Abrí el mensaje, era Ezequiel.
[Ezequiel: ¿Me molesto en preguntar o asumo directamente que la respuesta será la misma de siempre?]

Había aparecido en mi vida repentinamente, ni siquiera recordaba cómo lo había conocido, y desde el principio había mostrado un extraño interés en mí. Siempre intentaba establecer una conversación conmigo, a pesar de mi falta de entusiasmo hacia su persona. Buscaba cualquier tipo de excusa para poder verme, incluso se había hecho el interesando  en ayudarme a encontrar las respuestas que tanto había perseguido desde mi niñez.
A pesar de todo, parecía ser la única persona que se preocupaba por lo que pudiera ocurrirme. En cambio, yo sólo podía mostrarme fría y distante. Puede que inconscientemente estuviera intentando protegerme de algo, o puede que intentara protegerle de mí.
¿Hacía lo correcto? Quizá necesitaba el apoyo de alguien. Al fin y al cabo, en todos estos años nada había cambiado, y obvio era, que si seguía así todo seguiría como hasta ahora.

Cerré la ventana del mensaje, y al momento empecé a sentirme cansada, mi visión comenzó a ser borrosa, no aguantaba más. Apoyé mi cabeza en el escritorio, con la mirada perdida, sin parpadear.
Abrí de nuevo la ventana del mensaje y decidí darle una respuesta. Cuando puse mis manos sobre el teclado todo cambió.
No me encontraba en mi habitación, no entendía lo que había ocurrido, dónde estaba, cómo había llegado hasta allí, ... No era consciente de ello.
Observé mi al rededor esperando encontrar algo, pero mi visión era borrosa y aquella habitación oscura. Sólo estaba iluminada por una tenue luz rojiza, que me permitía distinguir un gran espejo, cubría toda una pared, y una puerta cerrada delante de mí.
Intenté levantarme, pero entonces fue cuando me di cuenta de que estaba atada a una camilla. Hubiera pretendido liberarme, pero mis fuerzas eran nulas y mi desorientación aumentaba con mi pulso. Miré al techo, todo daba vueltas.
No sé cuanto tiempo estuve así, hasta que la puerta se abrió y con ella entró la silueta de una persona acompañada de una luz blanca que cegaba. Era una silueta altísima vestida de blanco. Se acercó a mí y apoyó su mano en mi brazo.

Desperté sobresaltada en la cama, me había quedado dormida, sólo había sido un sueño. Ya era de día, la luz iluminaba toda la habitación.
Me levanté y vi que el ordenador seguía encendido. En la pantalla continuaba abierta la conversación con Ezequiel, me acerqué extrañada al leer que le había dado una respuesta. "Mañana a las 10am, en la plaza". ¿Cuándo le había respondido?