Desde que era pequeña me había considerado una persona muy curiosa. Siempre tenía en mente preguntas sin respuesta.
La vida me parecía una misteriosa adivinanza, y mi mente constantemente me hacía intentar imaginarle una solución. Una respuesta siempre tan lejana a la realidad, o quizá a la realidad que nos hacían ver.
Las dudas iban creciendo, y de mientras, yo también lo hacía.
Aún sin haber encontrado la solución al misterio, buscaba respuesta a alguna de mis dudas. ¿Hacía algo más que saciar mi curiosidad?
El sonido de un mensaje nuevo hizo que despertara de un pequeño trance.
Pasaba mucho tiempo delante de una pantalla. Semanas... o quizá meses, había perdido la noción del tiempo. ¿Lo estaba malgastando aquí sentada?
Abrí el mensaje, era Ezequiel.
[Ezequiel: ¿Me molesto en preguntar o asumo directamente que la respuesta será la misma de siempre?]
Había aparecido en mi vida repentinamente, ni siquiera recordaba cómo lo había conocido, y desde el principio había mostrado un extraño interés en mí. Siempre intentaba establecer una conversación conmigo, a pesar de mi falta de entusiasmo hacia su persona. Buscaba cualquier tipo de excusa para poder verme, incluso se había hecho el interesando en ayudarme a encontrar las respuestas que tanto había perseguido desde mi niñez.
A pesar de todo, parecía ser la única persona que se preocupaba por lo que pudiera ocurrirme. En cambio, yo sólo podía mostrarme fría y distante. Puede que inconscientemente estuviera intentando protegerme de algo, o puede que intentara protegerle de mí.
¿Hacía lo correcto? Quizá necesitaba el apoyo de alguien. Al fin y al cabo, en todos estos años nada había cambiado, y obvio era, que si seguía así todo seguiría como hasta ahora.
Cerré la ventana del mensaje, y al momento empecé a sentirme cansada, mi visión comenzó a ser borrosa, no aguantaba más. Apoyé mi cabeza en el escritorio, con la mirada perdida, sin parpadear.
Abrí de nuevo la ventana del mensaje y decidí darle una respuesta. Cuando puse mis manos sobre el teclado todo cambió.
No me encontraba en mi habitación, no entendía lo que había ocurrido, dónde estaba, cómo había llegado hasta allí, ... No era consciente de ello.
Observé mi al rededor esperando encontrar algo, pero mi visión era borrosa y aquella habitación oscura. Sólo estaba iluminada por una tenue luz rojiza, que me permitía distinguir un gran espejo, cubría toda una pared, y una puerta cerrada delante de mí.
Intenté levantarme, pero entonces fue cuando me di cuenta de que estaba atada a una camilla. Hubiera pretendido liberarme, pero mis fuerzas eran nulas y mi desorientación aumentaba con mi pulso. Miré al techo, todo daba vueltas.
No sé cuanto tiempo estuve así, hasta que la puerta se abrió y con ella entró la silueta de una persona acompañada de una luz blanca que cegaba. Era una silueta altísima vestida de blanco. Se acercó a mí y apoyó su mano en mi brazo.
Desperté sobresaltada en la cama, me había quedado dormida, sólo había sido un sueño. Ya era de día, la luz iluminaba toda la habitación.
Me levanté y vi que el ordenador seguía encendido. En la pantalla continuaba abierta la conversación con Ezequiel, me acerqué extrañada al leer que le había dado una respuesta. "Mañana a las 10am, en la plaza". ¿Cuándo le había respondido?
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